Diomedes Díaz, más allá de sus canciones

“Pienso en la muerte todos los días”. Así le respondió en una entrevista el fallecido cantautor vallenato Diomedes Díaz, al ya también fallecido periodista Ernesto McAusland en su serie Relatos de la Juglaría. 
-“¿Qué piensa?” 
-“Que no quiero morirme. Le saco el cuerpo cada ratico”. 

Y hasta que no le pudo sacar más el cuerpo, y en la tarde de este domingo el corazón de Diomedes paró y su vida, llena de éxitos en la música y de polémicas en lo personal terminó, mucho antes de lo que él seguramente quería, porque, como el mismo lo dijo en esa entrevista, su esperanza es que cuando estuviera viejo la ciencia ya hubiera avanzado mucho para no tener que llegar a ese momento del fin. 
Diomedes Díaz fue en su niñez espantapájaros, según recordó el cronista Alberto Salcedo Ramos, al conocer la noticia de la muerte. Tenía que golpear durante todo el día un palo con una lata para espantar los pájaros en los cultivos de maíz. Allí pasaba el día también cantando, y cambiando sus cantos por productos como una lata de café o una arepa, a los indios que lo escuchaban, relató Salcedo Ramos a Caracol Radio. 
Y siguiendo con su historia, el periodista Alberto Salcedo, en su crónica La Eterna Parranda, también recuerda que fue vendedor de fritos, y amenizaba su venta, con versos propios que cantaba para atraer a sus potenciales clientes. 
Dicen que no era buen cantante. Pero, cuenta elvallenato.com, su tío, acordeonero, Martín Maestre, se encargó de pulir su voz, por la que en su infancia lo llamaban “Chivato”. Llegó a trabajar como mensajero en la emisora de Valledupar Radio Guatapurí, para poder promover las canciones que escribía. También en sus épocas de juventud en Valledupar trabó amistad con el intérprete Rafael Orozco 
Recuerda el cronista Salcedo Ramos que su muerte, coincidencialmente se dio a la misma edad que la de la muerte del cantante Joe Arroyo, que era dos años mayor que él

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